LA TORMENTA
-Si-dijo Solarin sonriendo de manera extraña mientras seguía mirando el mar-. Qué terrible contratiempo..tal vez nos veríamos obligados a atracar en algún lugar remoto. Podríamos quedar varados durante meses, sin trasporte y totalmente aislados.
Yo estaba arrodillada sobre el barco, untándole la cabeza con pomada, cuando continuó:
-¡Qué cosa tan terrible! ¿Qué harías, atrapada con un ruso loco que sólo sabe jugar al ajedrez?
-Supongo que aprendería a jugar- le dije,empezando a vendarlo mientras él daba un respingo.
-Creo que los vendajes pueden esperar- me dijo, cogiéndome por las muñecas.
Yo tenía ambas manos ocupadas con medicinas y tiras de camisa. Me obligó a ponerme de pie, , rodeó mis piernas con sus brazos,me cargó sobre sus hombros como si fuera un saco de patatas y salió del puente mientras el barco continuaba rolando sobre las olas.
-¿Qué haces?- reí, con la cara apretada contra su espalda mientras su sangre me manchaba la cabeza.
Me deslizó pegada a su cuerpo y me colocó en cubierta. El agua nos cubría los pies mientras estábamos allí mirándonos, absorbiendo con las piernas el movimiento perpetuo del barco sobre el agua.
-Voy a mostrarte qué más saben hacer los maestros de ajedrez rusos- dijo, mirándome
Sus ojos verdegrises no sonreían. Me atrajo hacia él y nuestros cuerpos y labios se encontraron. Yo sentía el calor de su carne desnuda a través de la tela mojada de mi camisa: cuando besó mis ojos y mi rostro, el agua salada goteó de su cara y entró en mi boca entreabierta. Sus manos estaban hundidas en mi cabello húmedo. A través de las frías telas mojadas que me cubrían, sentí como aumentaba mi propio calor, disolviéndose por dentro como hielo bajo el cálido sol de estío. Aferré sus hombros y hundí mi cara en la piel más dura de su pecho desnudo. Solarin murmuraba palabras en mi oído mientras el barco se balanceaba arriba y abajo, meciéndonos mientras nos movíamos...
-Te deseaba aquel día en el club de ajedrez- dijo, apartando mi cara para mirarme a los ojos-. Quería poseerte allí mismo, en el suelo..con todos aquellos obreros que andaban por ahí. La noche que fui a tu apartamento para dejar aquella nota, estuve a punto de quedarme, esperando que regresaras temprano por error y me encontraras allí...
-¿Para darme la bienvenida al juego?- pregunté, sonriendo
- Al diablo con el juego- exclamó con amargura. Sus ojos eran dos oscuros pozos apasionados-. Me dijeron que no me acercara a ti...que no me complicara. No ha pasado una sola noche sin que pensara en esto...sin desearte. Dios, hace meses que debí hacerlo...
Estaba desabotonando mi camisa. Mientras sus manos se movían sobre mi piel, sentó la fuerza que pasaba entre nosotros, invadiéndome y dejándome vacía de todo, salvo una idea.
Me levantó con un solo movimiento y me depositó sobre las velas arrugadas y mojadas. Sentí que el agua nos bañaba cada vez que pasábamos una ola. Sobre nuestras cabezas crujían los mástiles y el cielo estaba pálido, con una luz amarilla. Solaron me estaba mirando con la cabeza inclinada; sus labios pasaban por encima de mí como agua y sus manos recorrían mi piel mojada. Su cuerpo se fundió en el mío con el calor y la violencia de un catalizador. Me aferré a sus hombros y sentí que su pasión me recorría entera.
Nuestros cuerpos se movían con una potencia tan furiosa y primitiva como la del mar que rolaba bajo nosotros. Me sentí caer...caer mientras escuchaba el gemido bajo de Solarin. Sentí que sus dientes se hundían en mi carne y su cuerpo en el mío.
